No hay que darle más vueltas. Suppo es el apellido de su mujer, Patricia. Un local amplio, cómodo y moderno que su gerente, Manuel Garrido define como un híbrido: bar, cafetería, restaurante y local de primera copa. Para ello han trabajado mucho para darle un toque de distinción y originalidad, muy en la línea de los bares más “in”; el concepto neoyorquino del bar.
Con sólo un par de meses de vida, Suppo, cumple, sobradamente con las expectativas. Es bonito, agradable, acogedor y, muy moderno. “Es el concepto del longue bar neoyorquino. Un local que se adapta a la hora del día, en el que puedes desayunar, pero también tomar el vermut, comer, tomar el café, cenar, o ir a tomar las primeras copas de la noche”, afirma Manuel Garrido.
Ayuda una decoración bastante minimalista que juega con los colores del local, el blanco y el negro. El restaurante, base del Suppo es una ingeniosa mezcla de modernidad y clasicismo: “empaqueta la cocina tradicional en un formato de modernidad”. Utiliza la huerta orgánica como base, es decir, “todos son productos ecológicos, incluido el café, que, aunque más caros, supone un fuerte apuesta por este segmento ya que, cada vez más, la gente pide estos productos y está más concienciado de sus beneficios”. Lo cierto, afirma Manuel, es que la gente de ciudad va perdiendo el gusto por los sabores tradicionales, o los naturales. Aquí tratamos de recuperarlos y ofrecer a nuestros comensales, lo mejor de la comida de pueblo”.
Espacios amplios y cómodos, separaciones amplias entre las mesas confieren al comensal un espacio vital que impide escuchar las conversaciones de la mesa de al lado, “o estar rozando las sillas cada vez que te mueves”. “Tratamos de sorprender con cosas como el cochinillo, el atún rojo, o los boletus con foie. Buscamos la diferencia, pero siendo honestos con el cliente, tanto en la calidad, como en el precio”.
Como rareza cuenta un café orgánico que cuesta, en origen, cerca de 1.000 euros (sí, mil) el kilo, el Kopi Luwak: defecado por un pequeño animal indonesio, su baja producción, unos 250 kilos al año, explican su elevada cotización. Una surtida carta de gin tonic, con más de 40 referencias, hacen de la primera copa de la noche, el deleite para el paladar entendido. Y todo sin pasarse en los precios.
Dividido en dos plantas, cuenta con un reservado para un máximo de 20 personas. Además de una surtida bodega con las mejores referencias españolas, italianas, argentinas y chilenas, además de cavas y champán. Los precios oscilan en torno a los 25 euros de media, por persona, además de contar con un menú diario por 13 euros.
Situado en plena Alameda de Vigo, unos amplios ventanales con vistas a sus jardines, visibles desde todo el establecimiento, aumentan la sensación de confortabilidad y el sosiego que brinda el Suppo. Mención aparte merece su cuidada terraza compuesta por amplios y cómodos sofás que incrementan la sensación de encontrarte en otro mundo, a salvo de la vorágine y la prisa de la ciudad, alejado del mundanal ruido.





