Tras la jornada electoral del 22 de mayo buena parte de los focos informativos se centraron en el PSOE de Vigo, el único partido socialista que había hecho frente con éxito a la debacle de la izquierda en las principales ciudades españolas. No sólo supo contener la hemorragia que amenazaba con enviar al socialismo a las catacumbas de la oposición sino que logró 6.000 votos más que en 2007, en un marco este último también difícil pero más favorable,
dejando cariacontecidos a sus dos principales adversarios, los conservadores y los nacionalistas, que sí perdieron respaldo popular.
En el 22-M el partido socialista obtuvo en Vigo sus mejores resultados en unos comicios locales desde 1991, año en el que había superado por última vez la barrera del 30% de apoyo electoral. Además, en la cita de mayo de 2011 rebasó la cifra de 50.000 votos, primera ocasión en la que lo consigue.
Un excelente rendimiento que ha tomado mayor dimensión debido al tremendo batacazo que sufrió el partido de Pablo Iglesias en casi todo el Estado español.
Aunque la figura del experimentado político Abel Caballero concentró todas las miradas de los sorprendidos medios de comunicación españoles, considerándolo como “protagonista innegable” de semejante éxito en tiempos tormentosos, otros dos rostros del aparato dirigente del PSOE han salido sumamente fortalecidos de la última contienda electoral: Manel Gallego, secretario general, y Ángel Rivas, secretario de organización y acción electoral, números 2 y 3, respectivamente, en el organigrama del partido socialista en Vigo, personajes homónimos en su carácter político, deudores de la discreción y de las trincheras, alejados conscientemente de la parafernalia o de la voraz exposición pública que conlleva la actividad política.
Ángel Rivas (Cabral, Vigo, 1960) es secretario de organización desde 2006, cargo que asumió en plena travesía del desierto socialista tras el estrepitoso fracaso de la cohabitación con los nacionalistas en la breve época de Ventura Pérez Mariño como alcalde (2003) y que amenazaba al PSOE con rememorar su época más negra (1995-2002) en la que cayó hasta el tercer puesto en las preferencias electorales.
Nadie en el aparato del partido duda de la fundamental aportación de Abel Caballero que se puso al frente de la organización en unos momentos muy complejos. No menos admiración le profesa Rivas: “Sobre todo nos ha dado seguridad, ha aportado la experiencia y la ambición suficientes tras el fallido Gobierno de coalición en 2003; es sobre todo el triunfo personal de un político influyente, de un gran gestor, de un alcalde muy cercano, que ha sabido llegar a los ciudadanos con una dedicación plena, estajanovista, y una transparencia absoluta”.
En apenas cinco años Ángel Rivas ha acumulado cargos de representación estratégicos en los principales órganos territoriales del partido:
vicesecretario general en el PSOE provincial, integrante de la comisión de listas en la ejecutiva gallega y miembro del comité nacional.
Bajo su mandato en la secretaría de organización ha tenido que insuflar orden y optimismo en una militancia en muchos casos desesperanzada y dividida. En los momentos cruciales echó mano de las enseñanzas que le aportaron las experiencias vitales más crudas, sobre todo la muerte de su padre tras dos años de lucha contra el cáncer. No menos importante a la hora de encarar objetivos ha sido la aportación genética de su madre, una excelente vendedora ambulante de aves, hoy ya retirada a sus 83 años.
Rivas también llevaba marcado a fuego en su ‘adn’ su adscripción política. Pertenece a una familia ‘roja’ de uno de los grandes símbolos territoriales de la historia de la izquierda: Lavadores. Un tío-abuelo fue fusilado tras el golpe militar del 36 y otro familiar directo fue condenado a la pena de muerte, conmutada posteriormente. Pero tuvo que ser una heroína social y pionera del poderoso movimiento vecinal, Carmen Avendaño, la que le abriría las puertas de la política y del PSOE, en 1984.
“Si hay alguien que ha tratado de superar las secuelas de la barbarie franquista han sido el PSOE y los socialistas, y si hay alguien que ha legislado sobre la memoria histórica ha sido el Gobierno de Zapatero”, dice Rivas, sensiblemente afectado cuando se le recuerda que aún permanece en pie la cruz de O Castro erigida en el 59 por los falangistas e inaugurada por Franco 2 años después. “En esta cuestión no admitimos lecciones de nadie, más cuando las matanzas en Vigo tuvieron como principal objetivo a los militantes y simpatizantes socialistas. Sobre la cruz de O Castro se tomarán decisiones, que nadie lo dude, buscando siempre la misma sintonía que hemos alcanzado con la Iglesia en los últimos años para retirar de los recintos religiosos símbolos de la dictadura”. Rivas es católico, aunque no practicante, lo que ha dado pie a que represente al Gobierno municipal en buena parte de las procesiones o misas que requieren presencia institucional.
Asímismo, se declara amante de la vida en familia, el pilar más importante para su estabilidad emocional. No tiene dudas sobre la definición que de él haría su mujer, con la que lleva casado 28 años, y con la que ha tenido dos hijas: “Diría que soy trabajador, gran padre y buen marido con poca dedicación”. En efecto, le faltan dedos de las manos para contar las horas que dedica a la empresa privada y a la política, lo que le ha llevado a tirar por la borda una prometodora carrera de coleccionista de sellos y monedas iniciada cuando sólo tenía 12 años.
Trabaja desde hace 6 lustros en empresas vinculadas a la construcción y a la minería, siguiendo la estela profesional de su padre. Se ha especializado en analítica financiera y en comercio exterior. La derecha le ha situado en el punto de mira al acusarle de tráfico de influencias al ser beneficiada su empresa como una de las proveedoras en las obras dependientes del Plan E. Cortó de raíz la polémica al anunciar que llevaría a los tribunales a José Manuel Figueroa, dirigente del Partido Popular. “Son bizarros y escapistas, en vez de cuestionar sus propias debilidades, su espantosa sumisión a los dictados de Santiago de Compostela, su bochornoso papel ante la imposición de la fusión de las cajas, buscan la única salida en la que se han mostrado expertos: enchufar el ventilador de la injuria”, afirma con gesto severo el concejal Rivas.
Su despacho de edil responsable de Parques, Jardines y Distritos en la segunda planta del edificio de Praza de El Rey, es funcional y ligeramente frío, atacado por las insustanciales mamparas semiopacas tan omnipresentes en todas las divisiones del edificio, y al que sólo le otorga un halo de luz poética un cartel que conmemora los 25 primeros años de la Constitución.
Reivindica Rivas el carácter del político como eficaz servidor público frente al personaje egoísta o corrupto que sólo piensa apropiarse o aprovecharse de los cargos. “Yo no entré de lleno en la política hasta tener resuelta y ordenada mi vida profesional. Yo tengo ideales y por ellos dedico muchas horas a la gestión política, una dedicación que no tiene repercusión sobre el erario público, de hecho sólo cobro por asistencias a plenos y a comisiones”.
Sin vacaciones por cumplimientos de promesas electorales y “por convencimiento propio”, como en los tiempos entusiastas de los primeros años de la democracia, trata de rebajar un poco su agenda como edil en el mes de agosto. Volverá al caer la tarde a su casa unifamiliar de Lavadores con huerta discreta pero productiva, cuidada por su mujer, y donde campan a sus anchas una docena de gallinas.






