Jueves, 08 de Diciembre de 2011 19:03

Esperanza Arrondo destacado

WRITTEN_BY  Fernando Rua
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ESPERANZA ARRONDO

 

“No hubiera sido una gran bailarina, pero soy una buena profesora”

Menuda, de aspecto frágil y tímida, Esperanza Arrondo devora las palabras con la voracidad de un volcán cuando habla de la danza; sus ojos se encienden, su cuerpo se tensa y sus brazos se mueven con la soltura que solo tiene quien vive la danza como una forma de vida.

Y no, no es cursi ni almibarada, no. Es grácil, de verbo dulce y sin duda, comprometida con lo que hace: formar a jóvenes con interés en la danza.
Saben que algunos podrían llegar; otros, seguro que no. Por su escuela de danza, fundada en 1972, ha tenido oportunidad de formar a jóvenes como Fátima Sanlés, primera bailarina del Centro Coreográfico de Valencia; a Dores Andrés, bailarina del San Francisco Ballet o a Anuska Alonso.

Niños, más niñas que niños, pasan por su centro cada curso que se extiende de octubre hasta finales de junio, como un curso más, aunque no es una enseñaza reglada; “es privada aunque el plan de estudios es el mismo y está supervisado por la ACADE, la asociación que agrupa a los centro de danza privados de España, incluidos los exámenes finales, que se realizan en Madrid.

Esperanza recuerda sus inicios; “no me lo planteé, fue por casualidad”. Aunque esta casualidad tiene que ver con su deseo de bailar. “Desde muy pequeña, con 5 años o así, ya recuerdo haber bailado sevillanas y con 15 años me fui a Madrid”. Era a finales de los años 60 y en ese Madrid, supongo que bullicioso, Esperanza se formó, primero con Juana Antón Cullel, primera bailarina del Liceo de Barcelona y después bailó con Karen Taft, primera bailarina de los Reales ballets de Dinamarca, entre otros. Su familia preocupada por un futuro “en el que no había nada, ninguna proyección”, hizo que su padre le montase en casa una sala para que bailara y evitar, así, que volviera a marcharse a Madrid. Tenía 17 años.

“Después, familiares y amigas me pedían que les diera clase, y así empezó todo”. “La danza es una vocación para mí y, después de todo este tiempo, lo sigue siendo”. Y tiene madera de formadora. Por su escuela han pasado bailarines, pero también otros que se han convertido en formadores, a su vez. Así sucede con sus colaboradores Olivia Maté y Jorge Rosario, “que primero fueron mis alumnos”. Tiene improntas de muchas de las niñas que pasan por la escuela: “cuando llegan a la escuela, con muy pocos años, cuatro o cinco, notas que tienen algo, y cuando ves su evolución, hasta los 17 o 19 años, en los que van superando fases, medallas en los concursos o audiciones te das cuenta de que esa persona vale. Cuando sucede, siento una felicidad infinita”.

Aunque reconoce que no es fácil triunfar: “aquí no se puede vivir del ballet, en Vigo, y en general, en Galicia, es imposible; no hay estructuras”. Por eso concursos y audiciones, a los que asiste con sus chicas, es la forma de medir su validez; “hay muchos concursos y audiciones, pero pocos son buenos. Llevamos a las niñas a Madrid, Barcelona, Valencia, Londres…”

EL BALLET, BASE DE OTRAS DISCIPLINAS

De su experiencia en todosestos años sabe que el ballet es una lucha con los egos, “el de los niños, pero también de los padres. Cuando llegan a la escuela de pequeños, el trabajo es como un juego, un juego que va incorporando elementos diferentes.

A esa edad las niñas son esponjas”.Tiene claro que la danza no está considerada, pero afirma “que la formación en danza, les da a los niños elementos como la disciplina, el interés por la cultura y la música, entre otros valores personales”.

Insiste en que el ballet es la base de otras disciplinas como el patinaje artístico, la natación o el baile moderno; “todos precisan de una formación
en ballet. No se trata solo de adoptar una postura, sino de dar al cuerpo un tono concreto”.

WEB Y BLOG PARA INTERACTUAR

Su escuela se mete de lleno en el s. XXI con una Web y un blog en los que interactúa con alumnos y con padres, además de con otras personas interesadas en la danza.

Reconoce que de seguir bailando, “no hubiera llegado a ser una buena bailarina, pero sí creo que soy una buena profesora de danza”. No es una formadora rancia, las clases se adaptan a la edad de los niños; en los más pequeños, se trata más del juego; según avanzan se busca otros estímulos más sutiles.

“Creo en una formación diversificada, que enriquezca a los niños en todas las facetas; no se trata solo de técnica o de teoría, se trata de formar personas”.

Last modified on Jueves, 08 de Diciembre de 2011 20:52
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