Cuando yo visité por vez primera el museo Liste (Pastora, 22) tras no pocos años en Vigo (justo a lo que tenemos más cerca no le damos importancia) coincidí con niños de un colegio que, al mismo tiempo que yo lo recorría, se admiraban y veían como objetos propios del túnel del tiempo lo que habían empuñado sus abuelos, quizás sus bisabuelos, a un tiro de piedra en todo caso en el reloj de la historia. Todo pasa a tal velocidad de vértigo, cambia tan rápidamente en esta etapa histórica que nos ha tocado vivir, que a esos niños podrían parecerles
antediluvianos instrumentos lo que acababa de ser jubilados de la vida y costumbres hace poco. Recorrí yo este museo etnográfico preguntándome cómo un chalet podía albergar tanta memoria, tanto objeto sorprendente. La muestra permanente se divide en diferentes salas temáticas dedicadas a los oficios. Cierres, llaves, tejidos, artilugios para guardar el grano como las antiguas tullas, tallas de madera (desde la zoca al plato de pulpo, féretros o bañeras), embarcaciones con troncos de árbol excavados que parecen del Amazonas pero fueron utilizadas en nuestros ríos, métodos de iluminación y expresiones de la fe popular como los exvotos y sus moldes, primitivas máquinas para fabricar velas....
Fue un delicioso paseo entre piezas que a lo mejor un día fueron odiadas porque con ellas trabajaron de sol a sol quienes las usaron pero sin las cuales no es posible entender bien nuestro presente. Museo Etnográfico Liste, reza en la fachada de ese chalet vigués de La Pastora que un día fue casa familiar de alguno de los Barreras. Vivimos un proceso tan angustioso de aceleración del tiempo y compresión del espacio que pararse y sumergirse en el tiempo de quienes nos precedieron no solo es una actividad cultural sino que puede ser una medida terapéutica y eso sentí yo durante esa visita guiada por su directora, Victoria Vázquez, y Luis Molist, presidente de la Asociación de Amigos del Museo.
Mejor ir dirigido porque cuenta con mas de 2.500 piezas que reflejan diversos aspectos de la cultura gallega: La cultura del centeno, La rueda tradicional, Simbología de los oficios, El cierre, Tejidos, La madera excavada, La luz, Materialidad de la fe y Medicina popular, son las áreas que conforman los ejes temáticos de las instalaciones. La directora me explicaba la filosofía que tenían en el museo: “es un museo necesariamente guiado e intencionadamente poco rotulado. El monitor o "guía" es mucho más que un interlocutor válido comprometido en acercar la esencia de los objetos; es también el encargado de transformar el espacio en un estrecho vínculo entre visitante y obra, que permita el diálogo entre ambos con un objetivo: crear dependencia en la que se comparta protagonismo: Visitante y pieza hermanando experiencias”.
Allí fui consciente de mi incultura de urbanita cuando los objetos que se iban sucediendo en una u otra planta iban señalando oficios que ni siquiera conocía: rolleiros, penteiros, selleiros, tratantes de cornello, romaneiros, cordeiros... No, no estaba encontrándome con un pasado lejano ni con unas costumbres de tierras de interiores que justificaran mi ignorancia sino en muchos casos con el de esas parroquias que hasta hace poco configuraban el entorno labriego de Vigo cuya vida rural va devorando poco a poco la estética y ética urbana.
Acostumbrados a devorar presente, a vivir con lo puesto porque lo puesto nos excede, apenas dejamos tiempo para revisar nuestra historia colectiva, aquello que nos da identidad y sentido de pertenencia a algo.
No es el Museo do Pobo Galego, no, pero todo el espacio se aprovecha en el de Liste, y hasta un cuarto de baño sirve para una exposición de nuestros más artesanales mingitorios. Conocí a Olimpio Liste y a su mujer Josefina en su casa de Pontevedra.
Junto a ella, nada existiría sin su concurso, inició a mediados de los 60 un trabajo de campo recogiendo objetos y herramientas tradicionales, y
contó con la colaboración de dos grandes etnógrafos, Xesús Ferro Couselo y Xaquín Lorenzo Fernández "Xocas". En 1972 se inaguraba el Museo de Oseira, en el que guarda once mil piezas; y en 1999 se abría el de Vigo en el chalet Barreras, cedido por el Concello vigués durante cincuenta años para este fin. Ahí está, en ese chalet, una parte de esa labor increíble. Entras en la sala de tejidos y escuchas los suspiros de las palilleiras y el "pandeiretear" de los palillos, entre los útiles que se empleaban en la elaboración del lino; sales de esa sala y entras en otras en que hallas "espichos de xamoneiro, rollas da colada, buguinas de pesqueira, coitelos de capar, romanas, vedados, chaves, miras de ferro, lanzadeiras de fío, xugos mixtos o de mulida, prensas de mel, artesas, catamarán de río”.
¡Cuántas palabras para muchos de nosotros de significado desconocido! Tras cada pieza, un nombre, me decía la directora. Y tras cada nombre, un oficio, una huella, una historia que contar que habla de la memoria de Galicia.






