Está muy ocupado con la Fundación que lleva su nombre ¿En qué consiste?Está muy ocupado con la Fundación que lleva su nombre ¿En qué consiste?
La fundación se encuentra en la vieja estación de ferrocarril de Baños de Molgas (Ourense), que ha sido
remodelada y tiene un museo en la parte de arriba dedicado a mi trabajo de cómico. En la parte de abajo
está un museo de pintura que irá cambiando de exposiciones cada cierto tiempo, además se va a convocar
una bienal de pintura con premio incluido.
La fundación está muy implicada con los niños y las niñas con dificultades. Se trata de ese problema pequeño
que parece que no existe, pero es sobre ese niño superdotado que necesita una beca, un niño que
precisa una silla de ruedas o una niña a la que hay que hacerle una operación de la vista porque resulta que
tiene muchas dioptrías. Son esas pequeñas cosas que no las paga la Seguridad Social, que no entran en las
normas de las ayudas de los ayuntamientos, pero, sin embargo, existen.
Está bien que ayudemos a los niños de la India, pero aquí también tenemos problemas. El edificio donde
está la fundación forma parte de las seis estaciones que ha rehabilitado el Instituto Orensano de Desarrollo
(Inorde), y lleva un albergue. Ya está todo montado, solo hace falta ponerlo todo en marcha.
Usted no para: un viaje a Latinoamérica, teatro en los Sanfermines y presencia en los veranos de la
villa de Madrid.
Pues sí, estoy con la representación de Más íntimo, un espectáculo a calzón quitado, porque soy yo con tres
pantallas en las que se proyectan fotografías. No hay disfraz, no hay nada. Es hablar, cantar, improvisar, entretener.
Lo que hago en esta obra entra muy bien en la definición más bonita que se ha dado de mí. La hizo
un periodista que dijo que yo no era un cómico, ni un humorista, sino un manipulador de sentimientos. Me
pareció precioso, porque es verdad, yo hago reír, pero hago llorar, emociono y cabreo.
He sido muy mosca cojonera y sigo en esa dinámica.
¿Esa actitud de no ser políticamente correcto, es lo que le diferencia en el ámbito del humor?
Dios me ha dado ese poder y la naturalidad de pasar de rozar el insulto a la ternura. Ese
paso es lo que me ha diferenciado de todos los demás cómicos. Buenos, los hay; pero
esa capacidad de andar por la cuerda flojatodo el rato, eso ha sido siempre un privilegio
que es en mi caso muy de bufón de la corte. Nunca he sido políticamente correcto ni nunca pienso serlo.
Quizá eso es lo que más despista a los políticos porque no acaban de entender que yo pueda votar a
quien me dé la gana en una urna, pero no impide que deba de estar en contra del poder establecido por naturaleza.
No lo entienden porque piensan casi todos que uno debe de estar a favor de ellos. Yo no puedo
hacer humor del que pierde, tendré que hacerlo del que gana. No puedo reírme de un enfermo, tendré
que reírme del que está sano. No voy a reírme del que está pidiendo limosna, sino del rico.
Entonces, en su caso, ¿está en contra del poder?
Yo creo que es la norma de todo cómico. Cuando uno analiza a los grandes humoristas de la historia ve que
Chaplin se vestía de pobre para provocar a los ricos; Groucho se reía de la ópera, de los caballos y los trasatlánticos;
Cantinflas iba de mendigo pero al final soltaba un discurso moral, y los Monty Python se burlaban de la familia
real británica. Que mejor cómico que nuestro Gila, que se llegó a hacer reír de una guerra civil en la que
había estado. Yo me he reído desde la época de Franco, pasando por la UCD. Han ido a verme políticos de todas las tendencias,
y unos se han disfrutado mucho con mis críticas, pero eso forma parte del talante de cada uno, del cual carecen muchos políticos
de ahora. Hay gente que no aguanta las bromas.
Ese es un defecto de nuestros políticos, que no tienen chispa.
Yo me tuve que despedir. Hice la gran trampa de mi vida y en ese caso, he sido un actor espléndido.
Monté Despedida y cierre por mi padre que estaba viviendo en Canido en casa de una persona que es
como mi hermana. Había el problema de que eran dos personas mayores, ante el cual decidí volver a Vigo y
cuidar de mi progenitor. Yo engañé a todos diciendo que me retiraba. Vendí mi casa de Madrid, hice el espectáculo
Despedida y cierre y vine a Galicia a cuidar a un sociata orgulloso que era mi padre. No entendía
que alguien dejara de trabajar para cuidarle. Aquí estuve tres años y pico, hasta que mi padre murió de un
infarto el año pasado, en octubre, a los 91 años de edad. En ese tiempo, Facebook me reconoció pues
cinco mil personas decían: ¡vuelve! He realizado pequeñas actuaciones por lo de la fundación que lleva
mi nombre y he comprobado que la gente sigue conmigo. ¿Cómo es su público?
Desde Cleofás, 1983, han pasado casi treinta años. Esa gente que tenía cuarenta años, ahora está por los setenta.
Se puede decir que hay toda una generación que a los monologuistas no los entienden. También
hay una generación de jóvenes que me descubre ahora. Decían: si hace reír a mis padres, a mí no me
hace gracia. Cuando me van a ver exclaman: ¡Hostia, tío, lo que suelta por la boca! Entonces, los sorprendo
mucho porque me ven con esta cara de misionero y se quedan acojonados.
La tendencia del cómico actual se orienta principalmente al monólogo.
Dentro del mundo del humor hay dos cosas. Una positiva: que ha entrado con fuerza la mujer. Antes estaban
Mari Carmen, Mari Santpere y Lina Morgan. Pero, también, es cierto que los monologuistas son
casi todos políticamente correctos. Eso a cierta edad es peligroso. Si con 25 años se es políticamente correcto
es un poco triste. Nos quejábamos de que la juventud no se movía, y ahora se mueve y se manifiesta.
Estoy con esa gente, porque se trata de decirle a los políticos: eso no se hace.
Humor, teatro, pero hay otra faceta suya que desarrolla con pasión, la pintura.
Ahora termino una exposición en A Coruña. Hice una en Vigo, en la estación Atlántica, sobre las Meninas y
el pop, que era una deuda que tenía con ese movimiento plástico norteamericano. Sigo manteniendo
la pintura como un elemento más de mi vida. Digo que Moncho Borrajo es el cómico y Ramón Borrajo
es el pintor. Conviven juntos y les viene muy bien.
Moncho Borrajo es un poco el desahogo de la persona. Ramón Borrajo es el que pinta aquí en su estudio,
donde pone música de jazz y está callado muchas horas, en contra de lo que aparenta sobre el escenario.
Es un señor que improvisa poco pintando, en contra de lo que expresa en el teatro.
Todo el mundo dice que mis cuadros tienen mucha paz, que son muy tranquilos. ¡Claro! Se esperan al
Moncho cómico, pero ese no es cuando pinta. Yo creo que soy poeta e improvisador -voy por mi segundo
libro de poesías en gallego-. Vengo de una familia longeva, espero ser como ella, a medida que uno
va pintando se va haciendo más purista, va quitando cosas del lienzo. Yo digo que no soy minimalista,
soy esencialista.
La exposición de A Coruña ha sorprendido porque es muy zen, muy de pocas cosas, muy geométrica,
muy abstracta.
¿Se queda en Galicia?
Sigo dando vueltas. El año pasado me fui a recorrer el mundo. No había tenido vacaciones en 38 años. Me
di cuenta de lo poquito que somos. Iba en un barco con ingleses y holandeses. Me llamó la atención que
nadie me conociese. Eso te da una facilidad para que aprendas que hay que dominar el ego, que hay que
bajarlo de los peldaños a la tierra. Aquí, en Galicia, he estado compartiendo vida con el carpintero, el fontanero,
los barrenderos y el señor de la farmacia. Me ha encantado porque volvía a retomar al Moncho Borrajo
de siempre. Ya nadie me para en Vigo. Si alguien lo hace es de fuera, para pedirme un autógrafo. Eso
de poner los pies en tierra, siempre va bien y más a la edad que tengo, pues voy camino de los 62 años. Hay
compañeros que al no entender ese proceso de bajada sufren mucho y lo pasan muy mal. Hace muchos
años, Concha Piquer me dijo: mira hijo, tú eres un genio y no te lo van a perdonar. Por tanto, el día que
veas que puedes bajar un peldaño de tu escalera, ¡márchate!
Aquí se intenta empujar para que nos demos un hostiazo. Estos tres años que estuve fuera, realmente
me he dado cuenta de lo que valen las pequeñas cosas, aunque me propuse realmente no volver
Hace tres años se despidió de los escenarios, pero parece que vuelve y con fuerzas renovadas.
“Aunque me propuse realmente no volver, regreso al escenario”






