En otras ocasiones se han realizado exposiciones de la obra de este fotógrafo de pueblo que, analizada a posteriori, ha adquirido un indudable valor artístico y social y lo sitúa hoy entre los grandes de la fotografía. Pero la diferencia con aquéllas es que ésta, que podrá contemplarse hasta finales de abril de 2011, ofrece una visión completa de su trabajo. Para ello se ha realizado una investigación de la práctica totalidad de los negativos fechados entre 1953 y 1980, más de 50.000, y se ha recuperado material inédito, cajas selladas y latas que contenían metros de película jamás positivada tras su primera utilización, esto es, tras el encargo del cliente de la época.
El archivo de Virxilio Vieitez conforma un importante patrimonio cultural conservado en Soutelo de Montes, el pueblo en el que nació en 1930 y en el que trabajó casi toda su vida. Los primeros retratos de estudio, según las costumbres de la época, que el fotógrafo ambientaba al aire libre y eran sus preferidos; los reportajes de ceremonias; las fotos de tamaño carné para el DNI, o los retratos para enviar a los muchos familiares emigrados, conforman el conjunto de un excelente testimonio etnográfico, memoria de un pueblo y de una época.
En 1993 Vieitez concedió a su hija Keta libertad absoluta para el empleo artístico de las fotografías, y desde entonces se ha seguido siempre una línea encaminada a garantizar una gran calidad, tanto en la impresión como en la selección de obras. Las fotografías en exposición en el MARCO son copias modernas realizadas en laboratorios especializados. En las vitrinas y en la sala biográfica se exhiben, junto a éstas y por primera vez, copias de época positivadas por el propio Vieitez y recuperadas en parte en los domicilios de las familias para las que se habían realizado.
Virxilio Vieitez siempre realizó sus fotografías por encargo, recorriendo la comarca de Terra de Montes a lo largo y ancho para fotografiar a sus clientes a domicilio. Su obra reúne todas las características del fotógrafo rural que documentaba acontecimientos y momentos vitales de las personas y familias de la zona, desde bautizos hasta bodas, primeras comuniones o funerales.
“Pero, a diferencia de otros –dice de él la comisaria de la muestra, la periodista Enrica Viganò– tenía un talento especial para conferir solemnidad a cada uno de los retratos que realizaba. Su estilo era inconfundible. Poseía una capacidad y una intuición extraordinarias a la hora de plantear la puesta en escena, en la que incluía objetos y sugería poses que a veces rozaban el surrealismo pero que, a pesar de ello, se convertían luego en fragmentos de verdad, fuertemente enlazados con el entorno”.
Su papel de fotógrafo de pueblo en aquellos tiempos, de finales de los anos cincuenta a los setenta, –concluye Viagnò– gozaba de gran prestigio y encajaba perfectamente en el carácter de un personaje especial como Vieitez: inteligente, rápido, competente, instintivo y consciente de sus facultades. “Daba órdenes a sus modelos con una firmeza que no admitía discusión y con una lucidez que garantizaba el resultado. ‘Yo estudiaba la papeleta y, cuando apretaba el disparador, ese era el tiro seguro.’ Virxilio Vieitez no desperdiciaba un disparo, era un profesional más que fiable, una apuesta segura para sus paisanos de la provincia de Pontevedra”.
MARCO, Museo de Arte Contemporánea de Vigo
Del 22 de octubre de 2010 al 24 de abril de 2010






